La página Oficial de la Hinchada Pincharrata

 

 

 

 

 

 

 

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Carnaval de otoño en Montevideo

Cerca de 12 mil simpatizantes de Estudiantes invadieron las calles de la capital uruguaya, desatando una verdadera fiesta en la previa. Ellos jugaron su propio partido, y lo ganaron por amplia diferencia. Emocionante

De a poquito van llegando. Desde lejos se los ve. La mayoría son jóvenes. Estudiantes, o empleados de comercio. Desfilan por la avenida 18 de julio desafiando el frío y el viento de este otoño impredecible.

Son ellos, los hinchas. Los inclaudicables de siempre. Esos, carentes de más argumentos para seguir faltando al trabajo. Los mismos que hace poco convulsionaron las calles de Porto Alegre en la Final de la Sudamericana. Esos que, en la tarde de Montevideo, le cambian el paisaje a la ciudad.

Los micros de larga distancia estacionados con banderas colgando de las ventanillas son toda una postal. Algunos hacen picnic en la plaza Centenario. Otros, los más osados, llegan hasta al hotel para levantar la temperatura en la fría tarde uruguaya.

El entusiasmo reinante se sobrepone a cualquier contratiempo. No importa si a un micro se le pinchó una rueda, o si en la frontera los demoraron más de la cuenta. La mitad del viaje está hecho. Ahora es tiempo de disfrutar.

Con una sonrisa brillante y derrochando alegría, el profesor Ricardo Pérez lidera la Agrupación Leones Rugientes. De manera espontánea se funde en un abrazo con Jorge Celestre, el padrino la Agrupación Juan Sebastián Verón, que le hace gala a la Brujita y muestra orgulloso una frondosa barba candado.

El que no tiene bandera lleva una camiseta. Y el que no, un gorro de lana. Tampoco falta la bufanda con el escudo de Estudiantes, que se puso de moda hace 14 años con la campaña del ascenso. Todo, claro está, empieza a totalizarse con dos colores prevalecientes: rojo y blanco.

Cantan y gritan, como si el partido hubiese empezado. Hacen saber sus deseos, ante la mirada atónita de muchos montevideanos que regresan a sus hogares después de la jornada laboral.

No se pasan de la raya, es cierto. Pero cuentan los minutos para llegar al mítico estadio Centenario.
Desafiante, Pedro Akimenko ordena a los suyos. Entonces la Agrupación 16 de octubre sabe que tiene que enfilar para el estadio. Lo mismo hacen los Bancarios del Provincia, la Agrupación Chapu Braña, la filial Zubeldía de Ensenada y la Pincha Pasión, con Mary a la cabeza.

Todos, al fin de cuentas, son parte de la familia albirroja, que se hace aún más grande con la llegada de los hinchas que vinieron en barco o en avión.

Cada uno, a su manera, intenta aportar su granito de arena para que todo salga bien. El resultado, después de todo, pasa a un segundo plano. Ellos hicieron lo suyo. Cruzaron el charco y desataron el carnaval en el otoño de Montevideo. Ahora, la definición será en La Plata.

 

La Plata se mudó

Unos 12.000 hinchas disfrutaron de 1-0 en Uruguay. Brillante.

Montevideo, por un día, se pareció a La Plata. Los hinchas de Estudiantes invadieron la capital uruguaya. En bares, restauranes, calles, avenidas, playitas... En toda la ciudad aparecían grupitos con camisetas del Pincha.

Un millar de los 12.000 que estuvieron en el Centenario, antes de ir a la cancha, se plantó en la puerta del Hotel Radisson, búnker del equipo, para darle un impresionante apoyo en la partida de los jugadores rumbo al estadio. El mismo apoyo que les brindaron desde la tribuna Colombres, plagadas de banderas y bengalas, y de algunos simpatizantes de Peñarol que también fueron a bancar a los platenses (las hinchadas son amigas). "Vamos a traer la Copa a la Argentina, la Copa que perdieron los bosteros y las gallinas", se embalaron los Pincharata. Y con razón. Porque el triunfo los acercó un poco más a semis...

 

Fuimos locales otra vez 


MONTEVIDEO, Uruguay (Enviado Especial).- El fervor y la pasión que enarbola la gente de Estudiantes, cada vez que su equipo juega la Copa Libertadores, parece no terminar nunca... El estadio Centenario de Uruguay cargó sobre sus cimientos los más de 12 mil hinchas albirrojos que cruzaron el Río de La Plata y sus afluentes, para acompañar una nueva gesta deportiva, como las que saben disfrutar los platenses, con mucha garra y corazón.

Montevideo despertó con los primeros bocinazos y cantos de los hinchas, que en decenas de colectivos, autos y embarcaciones de todo tipo, fueron copando los lugares más populares de la capital uruguaya. Su paisaje colonial, se vio trastocado por cientos de banderas, gorros, paraguas y camisetas con los colores rojo y blanco. Los platenses, en nutridos grupos, paseaban por las calles céntricas y sacaban fotos, los unos a los otros.

Como no podía faltar, el apoyo a los jugadores llegó antes de que el plantel pudiera ver a los miles de platenses en el Centenario. Cientos de personas se posaron frente al Hotel Radisson Plaza Victoria donde el plantel estuvo alojado a la espera del encuentro. Mientras que algunos de los jugadores paseaban por el centro comercial en la calle 18 de Julio, los simpatizantes aprovecharon para fotografiarse, buscar autógrafos, o simplemente transmitirles su apoyo.

Entrada la tarde, los platenses alteraron la metamorfosis de la tribuna Colombes -donde se ubicaron los simpatizantes Pinchas- mientras el sol se escondía, los trapos y banderas de cada uno de los barrios platenses, emergían de los accesos y comenzaban a flamear y pintar el inmenso sector visitante.

Era una empresa difícil, pero lo lograron. Coparon de punta a punta todo su sector, como así también las plateas en un costado del palco principal. Es más, un grupo de uruguayos, hinchas de Peñarol, se ubicaron al otro costado de la Colombes en clara señal de amistad rioplatense. Del otro lado, también Sporting trajo lo suyo, pero para los argentinos pasó inadvertido.

Cuando el botín albinegro de Verón pisó el verde césped del Centenario, generó una ebullición interminable con miles de papeles, serpentinas y bombas de humo que "borraron" de la visión de los uruguayos, la gigante tribuna. Mientras que las banderas y las bengalas le daban vida a esa parte del estadio con el interminable, "Estudiaaa, estudiaaa, estudiaaa". Los simpatizantes de Sporting asistieron asombrados a tremenda demostración de pasión y fervor por una divisa.

Con el pitazo inicial, el carnaval pincharrata se desplegó con todos sus elementos, bombos, redoblantes y trompetas. Los cantos y voces de aliento se hicieron escuchar durante los 90 minutos. Aplaudían cada intervención del equipo, sobre todo cuando pasaba por los pies de la Bruja.

Se quisieron morir cuando arquero local Silva, le sacó el primer grito al Chavo. Pero inmediatamente, el "guante" de Verón le sirvió el gol a la cabeza de Desábato y allí toda la "banda" de Estudiantes, resonó en un sólo grito de gol. Inmediatamente con sus amigos aurinegros, cantaron al unísono: "Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es de Gimnasia y Nacional".

Cuando el equipo se vio superado por el empuje Charrúa, resurgió el "Dale León, dale León", en señal de apoyo. La brujita entendió el mensaje y correspondió arengando a sus compañeros e hinchada. Así el diálogo continuó con un: "Soy del pincha yo soy, soy del Pincha, soy del Pincha, yo soy".

Con las banderas al viento y revoleando con todo lo que tenían a mano, cantaban los minutos finales frotándose las manos de satisfechos: "Cada día te quiero más, soy Pincharrata, vamos Pincharrata, vamos a ganar, ole, ole, ole, ole, ole, ola, cada día te quiero más...". Y celebraron como locos la ajustada pero merecida victoria. La fiesta se prolongó en el centro de Montevideo, mientras algunos emprendían el retorno a la ciudad con el objetivo cumplido, otros seguían disfrutando por las empedradas calles montevideanas.

00:00 | DE FRENTE: ESTUDIANTES
Nada es casualidad

SERGIO MAFFEI | smaffei@ole.com.ar

No es casual a esta altura que el Centenario sea la segunda casa de Estudiantes en la Libertadores. Allí, donde fue campeón dos veces, volvió a mostrar su espíritu copero y su gente, otra vez convocando más de 10 mil personas, demostró que la grandeza se basa en los títulos y en el apoyo popular.

No es casual tampoco que Estudiantes sea el único argentino en la Copa. En el último año llegó a la final de la Sudamericana y hoy es el que más lejos avanzó en la Libertadores. Mientras en el país se debate quién juega mejor, si Lanús, Vélez o Huracán, ayer el equipo de Sabella remarcó que está un escalón arriba de todos por presencia, solidez, jerarquía y aspiraciones.

Impecable Andújar, conmovedor Desábato, sólido Cellay, seguro Ré, tremendo Chapu, inmaculado Verón... Para el aplauso todos. Sí, se pudo haber marcado otro gol, pero es un resultado que se firmaba antes y que marca que éste es el camino.

 

Fiebre Desábato por la noche

El Chavo puso la cabeza y Estudiantes, el más copero de la Argentina, se comió de un bocado al cuco que volteó a Boca.

El mítico Centenario, que agranda a propios y achica a extraños, empalideció. La sensación quedó flotando en un ambiente frío y de mayoritarias miradas gachas. La imagen y semejanza de la garra charrúa apenas tuvo un uruguayo en su equipo. ¿Uno solo? ¿Un solo uruguayo juega en Defensor? No, este uruguayo es extranjero entre sus compañeros; sus compañeros son argentinos y llevan en sus espaldas mochilas pesadas, históricas, placenteras. Como esos cuadritos que en City Bell, a varios kilómetros de Montevideo, cuelgan con gloria en las paredes y piden la compañía de uno nuevo. El Centenario, que se comió de un saque a varios, no asusta a Estudiantes. No, qué va; si le trae buenos recuerdos, lo estimula. Si ahí Verón padre dio dos vueltas olímpicas de América, cómo Verón hijo no va a correr, aunque esté cansado, contagiando a los demás su extraordinaria jerarquía. Cómo Estudiantes no va a ser un serio candidato a ganar la Libertadores si tiene historia y presente para sostener tal afirmación, chapa individual y colectiva, si hoy es más copero que el más copero de la última década, que hace un puñado de días sucumbió ante este mismo rival, Defensor, que anoche no supo de qué disfrazarse para ser el cuco que supo ser una semana atrás.

Le costará al equipo uruguayo reponerse del cachetazo que se comió. Quizá recupere algo de ánimo el domingo, si es que un par de resultados lo consagran bicampeón entre los suyos, pero le resultará difícil volver a cruzar el Río de la Plata con energía positiva. Al menos con la que lo cruzó cuando viajó a la Bombonera, a buscar un triunfo que creía posible después de tener enfrente, en Montevideo, a un Boca vulnerable. Pero este Estudiantes no lo es. Por más que el fútbol pueda deparar diversos caminos y despeinar hasta a un pelado, la sensación de conjunto plantado está. ¿Un ejemplo? El segundo tiempo. Ya ni siquiera el primero, en el que pudo haberle metido más de uno a Defensor. Vale más, al menos como muestra, los otros 45 minutos, en los que pese a tener uno menos en la defensa (Angeleri, hiciste una chamboneada por entrar en el jueguito de Curbelo) amuralló y cubrió de seguridad al segurísimo arquero de Selección, Andújar. Y, cuando las mayores obligaciones pasaban por los diez que tenían otra camiseta, aun así pudo meter alguno más, en especial si a Boselli el travesaño no le amargaba la definición de zurda tras un amague y enganche de goleador que no es sólo un rebotero.

Quedan ocho equipos en la Copa y Estudiantes, a no dudarlo, es de los mejores. Tiene concepto, agallas, nivel, vestuario, inteligencia táctica y un fenomenal apoyo de masa, dispuesta a movilizarse por donde sea. Ah, y una historia que respalda. Que presiona pero que también agranda. Como siempre Estudiantes en el Centenario.